El Playmaker | El robo de Larry Bird, o cómo las defensas ganan campeonatos
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El robo de Larry Bird, o cómo las defensas ganan campeonatos

En el verano de 1986 la NBA comenzó a cambiar. Acababa de ganar el anillo Boston Celtics, y llegaban a la liga dos jugadores capitales en los equipos que serían campeones en los años siguientes, ambos seleccionados en el draft por Detroit Pistons: Dennis Rodman y John Salley. También llegaba a la franquicia del estado de Michigan el reputado anotador desde el puesto de alero Adrian Dantley. Se empezaba a forjar el equipo que poco más tarde sería conocido en el mundo entero como los Bad Boys.

Por otro lado, los Celtics de Bird mantenían la columna vertebral intacta, con Dennis Johnson, Danny Ainge, el propio Bird, Kevin McHale y Robert Parish, formando uno de los quintetos más recordados de siempre. Aun teniendo un año más, consiguieron revalidar el primer puesto de la Conferencia Este con un récord de 59-23, incluyendo a Bird en el Mejor Quinteto de la Temporada manteniendo el mejor porcentaje en tiros libres de la liga (91,0%).

En el caso de los Pistons, habían ido escalando posiciones en la tabla hasta colocarse en su mejor récord de victorias hasta ese año (52-30), siendo el tercer mejor equipo de la Conferencia del Atlántico.

Ambas franquicias llegaron a las Finales de la Conferencia Este, siendo la primera ocasión en que el equipo de Detroit llegaba tan lejos en la postemporada. La colisión de estas dos franquicias se vino abajo en los dos primeros partidos de la eliminatoria.

En el primero, no hubo un solo jugador interior de los Pistons capaz de parar a Robert Parish, teniendo en cuenta que tanto Bill Laimbeer como Rick Mahorn eran dos de los mejores defensores en el poste bajo de toda la NBA. The Chief se fue aquella noche hasta los 31 puntos y 9 rebotes, secundado (parece mentira decirlo de esta manera) por un gran Larry Bird, que se apuntó un triple doble (18 puntos/ 16 rebotes/ 11 asistencias). Gracias a la enorme aportación de estos dos jugadores, Boston logró imponerse con solvencia (104-91).

En el siguiente encuentro, de nuevo en el Boston Garden, se produjo un tremendo duelo entre las dos máximas estrellas de ambos equipos. Si Larry Bird anotaba una penetración, Isiah Thomas dejaba atrás a su defensor para plantarse de cinco metros y anotar fácil. Este duelo de leyendas se saldó con un 110-101 para Boston, con unos números de locura para los dos: 36 puntos / 10 asistencias para Thomas; 31 puntos / 9 rebotes/ 12 asistencias para Bird.

Ante el dominio de Boston en casa, Detroit cambió en el tercer partido. Podría decirse que aquel encuentro fue el germen de los Bad Boys. Codazos, golpes con la palma de la mano abierta, empujones, patadas. Todo valía para los Pistons. Lo definió a la perfección Rick Mahorn años después: ”Podíamos perder el partido, pero no perder la pelea”.

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Laimbeer fue la punta de lanza durante aquella eliminatoria. Se dedicaba a meterse en la cabeza del rival. Le ponía superar psicológicamente al rival. En aquellas Finales de Conferencia lo tenía muy claro, si podía alterar a Larry Bird, todos los Celtics irían detrás.

Mediado el encuentro, recibió Bird un balón en la esquina derecha del ataque de Boston. Demostrando su gran manejo de balón, dejó atrás a un rival con el bote con mano izquierda, y al penetrar, fintó. La finta hizo que Laimbeer saltara a taponar, y cuando caía, mientras Bird lanzaba, bajó los brazos y arrolló al alero de French Lick. Bird, fuera de sí, comenzó a golpear a Laimbeer aún tirados en el suelo.

Cuando el resto de jugadores consiguió separarlos, Bird cogió el balón, que se encontraba cerca de sus pies, y se lo lanzó a la cara a Laimbeer. Tras toda la trifulca, ambos fueron expulsados. Laimbeer lo había conseguido, había ganado el duelo mental a Bird y el partido a los Celtics (122-104 para Detroit).

En el siguiente choque, de nuevo en la Ciudad del Motor, Bird seguía negado y los Pistons lo aprovecharon. Tanto lo hicieron que consiguieron endosar a Boston la mayor puntuación jamás encajada por el equipo de Massachussets en toda su historia en Playoffs (145-119). Aquel partido fue un constante golpe contra el muro de Boston, unido a un tremendo juego en ataque de Detroit.

Llegamos, pues, al quinto partido. Boston Garden. Aún hoy, John Salley recuerda que podían ganar, que estaban seguros de que podían robar un partido en el Garden. Al salir a pista, y siguiendo con su tradición, Laimbeer se dirigió al leprechaun del escudo que adorna el centro de la pista del Garden, le escupió, tomó un balón e hizo un mate. La declaración de intenciones estaba hecha.

Pero, en el quinto, Boston encontró la Némesis de Laimbeer y Mahorn: Robert Parish. Bien es sabido que hay que sacrificar piezas para salvar al Rey. Tras un intento de rebote en ataque, The Chief la emprendió con Laimbeer a puñetazos, dejándolo tirado en el parqué. Todo lo que habían golpeado, arañado y empujado a Bird se lo devolvió Parish en aquella jugada. Lo primero que dijo Laimbeer al llegar al banco, y respirar un poco de amoníaco fue: “¿le han expulsado?” No. En aquella época había que hacer algo más, sobre todo con un veteranazo como Parish, para que te expulsaran.

Avanzó el encuentro, igualadísimo. Quedaban 36 segundos para el final y Thomas recibió el balón. Frente a él, Jerry Sitching, el escolta suplente que jugaba los últimos minutos debido a una lesión de Danny Ainge. Tras una grandísima defensa de Sitching, con piernas y pecho, no consiguió evitar la canasta en suspensión del base de Chicago. Diecisiete segundos y tiempo muerto de KC Jones. Los Pistons regresaron al banco excitados. El balón era para Bird y nadie en el Garden dudaba de ello.

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Sacó Bird de banda para Dennis Johnson. Ante la defensa de Dumars sobre el balón, recibió el alero gracias a una finta. Cara a cara con el mejor defensor de Detroit, Rick Mahorn, en el flanco izquierdo del ataque de Boston. Dos botes con la mano izquierda hacia la línea de fondo. Dejó atrás a Mahorn, pero la doble ayuda de Thomas y Rodman consiguió que este último taponara la entrada de Bird. El balón salió rechazado y tras varios manotazos, rebotó en Sitching.

La última bola era para Detroit con cinco segundos por jugarse, de banda a un metro escaso de su propia línea de fondo. El banquillo y los jugadores en pista de Detroit celebraban ya el triunfo. Bill Walton, campeón de la NBA en el ’76 con Portland y el año anterior con Boston se echaba las manos a la cabeza, desolado. Todo el pabellón miraba hacia Thomas, que se acercó ansioso a la banda y, a la vez, al marcador. Cinco segundos.

Chuck Daly se secaba el sudor con la manga de su chaqueta. KC Jones miraba al marcador. Isiah quería sacar, y en cuanto el árbitro puso el balón en sus manos, lo soltó hacia la línea de fondo, donde esperaba Laimbeer, gran tirador de tiros libres, pero “un relámpago pasó volando” (en palabras del propio Thomas) e interceptó el balón. Con una asistencia a la carrera de Dennis Johnson, y ante el estupor de toda la franquicia del estado de Michigan, Johnson anotaba a tabla en un escorzo para poder hacerlo con su mano buena, la derecha. Uno arriba para Boston, un segundo.

 

El Garden explotó. Tras el siguiente tiempo muerto, acabó el partido sin conseguir un tiro claro Detroit. Tras el mismo, el propio Chuck Daly, en el vestuario, admitió que le hubiera gustado gastar ese último tiempo muerto en la jugada de Thomas, pero no lo hizo.

La serie, en cinco segundos, pasó de un 2-3 para Detroit jugando el sexto en casa, a un 3-2. El sexto terminaría ganándolo Detroit, pero volvió a encontrarse con uno de los mejores jugadores de todos los tiempos en el séptimo, en el que Bird logró 37 puntos/ 9 rebotes/ 9 asistencias, en el que sería uno de los últimos grandes partidos trascendentales de su carrera.

El robo de Bird se considera una de las cien mejores jugadas de la historia del deporte americano para Sports Illustrated y, sin duda alguna, uno de los mejores momentos de la historia de la NBA. Aquel robo, aquel jugador, volvió a demostrar que el orgullo de los Boston Celtics puede sobreponerse a cualquier circunstancia.

Foto portada: nba.com

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