El Playmaker | La mayor historia jamás contada (Vol. 2)
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La mayor historia jamás contada (Vol. 2)

La retirada de Bill Russell como entrenador-jugador de los Boston Celtics llevó a la franquicia a la primera reconstrucción de su historia. Además, aquel final de temporada también se saldó con la retirada de otro bastión celtic, Sam Jones. El traspaso de poderes era un hecho. El escogido para relevar a Russell en el banco más importante de la liga fue un compañero del propio pívot durante ocho de sus trece campeonatos, otra leyenda grabada con letras de oro en la historia de la franquicia: Tom Heinsohn.

La primera campaña con Heinsohn al mando, los Celtics firmaron su primera temporada perdedora desde la llegada de Bob Cousy. Con un récord de 34-48, se quedaron a ocho partidos de los Playoffs, pero todavía quedaba un cargador lleno en manos del tirador adecuado. Durante el verano Red Auerbach volvió a demostrar su maestría en el draft seleccionando a Dave Cowens en el pick 4. Se aprovechó, una vez más, de los prejuicios del resto de franquicias, que consideraban a Cowens demasiado pequeño -2.06- para jugar de cinco. No tuvo que pasar mucho tiempo para que Cowens diera la razón a Auerbach: 17 puntos y 15 rebotes en su primera temporada liderando la pintura de los Celtics para compartir el Rookie del año con Geoff Petrie.

Junto a Cowens, los Celtics se hacían en la novena posición del draft con Jo Jo White, tras haber conquistado los Juegos Olímpicos de México ’68 con la selección estadounidense. El base podría haber optado por otra franquicia, ya que si White hubiera querido dedicarse al fútbol americano podría haberlo hecho, ya que también fue seleccionado por los Dallas Cowboys.

La explosión temprana del pequeño center de Kentucky no fue un espejismo y no estuvo solo. Jo Jo no tardó demasiado en demostrar de qué pasta estaba hecho, firmando en su segunda temporada su presencia en el All Star, del que no se despegaría hasta 1978. Cowens dominaba dentro y White dominaba fuera. Pero había un hombre a caballo entre las dos décadas y que no había dicho su última palabra todavía: John Havlicek. La temporada 70-71 fue la mejor en la carrera de Hondo, sin embargo no fue capaz de meter al equipo en Playoffs, aun así, los Celtics ya contaban con récord positivo en la temporada.

Esta circunstancia se repitió y se superó la temporada siguiente, en la que Boston dominó la Conferencia Este y volvía a los Playoffs. Superaron a los Hawks en semifinales y se toparon con los New York Knicks de Earl Monroe y Jerry Lucas, que venían de perder las Finales el año anterior. El empuje de los Knicks sumado a la lesión en el codo de Havlicek condenaron a los de Nueva Inglaterra. La historia se reprodujo el año siguiente. La suerte había dado la espalda a Havlicek, que tras haber liderado al equipo a un récord de la franquicia –68 victorias y Entrenador del año para Heinsohn-, veía cómo se volvía a lesionar ante los Knicks en el séptimo partido de la serie, esta vez en el hombro, frustrando de nuevo las opciones de campeonato.

                                           Havlicek lesionado durante el Game 4 de 1973

El verano pasó, y con él las lesiones de John. Adivinen quién estaba de nuevo esperando en las Finales de Conferencia. Los Knicks, claro. Esta vez el escolta de Ohio no tuvo piedad. Firmó cinco partidos extraordinarios, con los que enviaba a la lona a su némesis particular. Con treinta y tres años devolvía a los Celtics al lugar que les corresponde: las Finales de la NBA, donde esperaban los Milwaukee Bucks de Kareem Abdul-Jabbar y Oscar Roberson.

La serie fue un dar y recibir continuo. El primer encuentro se saldó con victoria celtic gracias a la baja de Lucius Allen, base de Milwaukee. Debido a esta circunstancia, la defensa sobre un Oscar Roberson de treinta y cinco primaveras y el sustituto de Allen, Ron Williams, fue suficiente para provocar numerosas pérdidas en el primer parcial, que se cerró con dieciséis puntos de ventaja para Boston que manejarían con maestría durante el resto del partido.

El segundo fue un recital de Jabbar. Dominó la pintura en ataque con treinta y seis puntos, asistió y concedió numerosas canastas a sus compañeros. Además, en defensa, secó a Cowens, dejándolo en 8/22 en tiros de campo, que sumado al pobre partido de Havlicek fue una losa demasiado grande para los Celtics.

El tercer encuentro fue el último de la serie en que ganaría el equipo local. Como respuesta a la defensa en el poste de Jabbar, Cowens se dedicó a lanzar de media distancia, consiguiendo así treinta puntos. Aunque el partido estuvo de nuevo en la defensa de Boston, que logró forzar 27 pérdidas de los Bucks, sumadas al enorme emparejamiento del suplente Henry Finkel con Jabbar, que tuvo que estar más de lo aconsejable en pista debido a los problemas de faltas de Cowens, sin embargo cumplió y no permitió campar a sus anchas al gigante neoyorkino.

Las Finales llegaron al sexto encuentro con 3-2 para Boston. Lo tenían todo de cara. El Garden abarrotado, el de las noches de gloria. Con todos los símbolos, incluido Auerbach y las banderas de campeón. La historia del segundo partido se repitió: Cowens se metía en problemas de faltas en seguida y los Celtics lo acusaron; doce abajo al descanso. Sin embargo, Havlicek tomó el mando del partido y con una suspensión lejana empataba el partido y lo mandaba a la prórroga.

De nuevo volvió a ser decisivo el de Ohio en la reanudación. Con dos puntos abajo en el marcador y pelota para Milwaukee, Don Chaney robó el balón y abrió para Havlicek. En la zona esperaba Jabbar, lo que obligó a Hondo a lanzar una suspensión. El tiro salió rebotado y acabó en las manos del líder de los Celtics, que volvería a anotar para alargar el partido con la segunda prórroga. Esta fue una locura. Se llegaron a pasar el liderazgo del encuentro hasta en once ocasiones, lo que habla del nivel anotador de aquellos cinco minutos. Aquella fue la máxima anotación de un jugador en una prórroga en unas Finales: nueve puntos de Havlicek. En medio de aquella algarabía anotadora, Dave Cowens cometía su sexta personal y era enviado al banco. A veinticuatro segundos del final, con uno abajo, el balón era de Havlicek. Heinsohn se desgañitaba en la banda pidiendo el tiempo muerto, pero la canasta de Havlicek en suspensión era un hecho. 101-100 para Boston. Pero la última palabra la tendría Jabbar, que se aprovechaba de la enorme defensa de Boston sobre McGlockin, que era el que debía recibir, para anotar su sky-hook para forzar la máquina hasta el mejor partido del mundo del deporte.

En el séptimo, Heinsohn cambió la defensa, con el objetivo de limitar las faltas de Cowens y que no se viera reducida su aportación. Cayeron sobre Jabbar ayudas y segundas ayudas, dos y tres contra uno, lo que hizo que anotara 26 puntos con menos de cincuenta por ciento en tiros, además de aplacar la fluidez de juego cuando el balón llegaba al pívot. Así, en ataque, Cowens lideró a los Celtics, devolviéndolos al escalón más alto del mundo baloncestístico.

La siguiente temporada regular se saldó con el primer puesto del este, sin embargo, los Washington Bullets fueron demasiado en la final de conferencia y los Warriors de Barry se llevaron el anillo. Aun así, el fervor de campeón seguía en el aire, era casi asible. Con Heinsohn, Cowens, White y Hondo, los Celtics volverían a unas Finales dos primaveras después del anillo.

En esta ocasión esperaban los Phoenix Suns de Paul Westphal, procedente de Boston y campeón en el ’74. Al contrario que en las últimas Finales en que tomaron parte los Celtics, el factor cancha fue determinante en la primera parte de la serie. Dos partidos para cada uno y ante la pobre audiencia que daba la NBA en los setenta, el llamado Mejor partido jamás jugado, el quinto.

Los Celtics lograron pronto una amplia ventaja pero fueron incapaces de mantenerla. El final del partido fue un despropósito de la mesa de anotación y del marcador, así como de algunas decisiones arbitrales relativas a la pedida de tiempos muertos para ambos equipos cuando no tenían. Salvaron de la quema a Havlicek y Westphal, que los pidieron sin tenerlos. Los árbitros no los cobraron y el partido se fue a las prórrogas.

A veinte segundos del final de la segunda prórroga, los Celtics ganaban por tres puntos. Entonces, Dick Van Arsdale anotó una suspensión desde la esquina. En la siguiente posesión, Westphal robó el balón de las manos al incrédulo Havlicek, se la dio a Van Arsdale y este a Perry, que falló un lanzamiento de cinco metros. Havlicek no pudo hacerse con el rebote, que acabó de nuevo en las manos de Perry, en la línea de fondo. Perry volvió a levantarse a cuatro metros y puso por delante a los Suns (110-109) con seis segundos por jugar. Entonces apareció Hondo, que en una penetración puso el 111-110 cuando sonaba la bocina. Los jugadores de los Celtics se marcharon a celebrarlo al vestuario, sin embargo, el reloj no había parado cuando entró el balón, con lo que quedaban algo menos de dos segundos. Así que el partido no había terminado. Los jugadores de Boston volvieron a la pista, el balón era para los Suns con un segundo por jugar. Entonces llegó la utilización del reglamento en beneficio propio. Paul Westphal pidió un tiempo muerto cuando no tenían más, consiguiendo así la técnica, que entonces se cobraba únicamente con tiro libre en contra, llevando a la línea a Jo Jo White y sacando de banda tras un tiempo muerto. El balón era para el base de Phoenix, Gar Heard, que con una suspensión desde la cabeza de la bombilla llevaba el partido a la tercera prórroga.

En esta, Boston conseguía una distancia insalvable, 128-122, aunque Westphal se empeñó en no hacerlo fácil, así que volvió a golpear: cuatro puntos seguidos y el partido en un brete. Pero la pelota no volvió a llegar a las manos del ex celtic, que veía cómo sus anteriores compañeros se situaban a un partido del título.

Tras la barbaridad vivida en el quinto partido, el sexto se determinó por la defensa. El bastión más importante de los Celtics. Dejaron en trece puntos a los Suns en el segundo parcial, llegando con cinco puntos de ventaja al receso. Rick Sobers lideró la remontada de los Suns cuando los Celtics se colocaron once puntos arriba, sin embargo, Cowens, Havlicek y Scott guiaron a los de Massachussets a su décimo tercer anillo en veintiséis temporadas de NBA.

El equipo, como todos, se fue deshaciendo tras el segundo anillo. El primero en dejarlo fue Don Nelson, tras once temporadas en el equipo, justo después de ganar las Finales. Por otro lado, Heinsohn era relevado del banquillo tras un inicio de temporada horrible (11-23) en la 77-78, pero con un balance extraordinario como entrenador de Boston (427-263). Cuando llegó el final de aquella temporada, Havlicek también dijo adiós, siendo todavía hoy el máximo anotador de la historia de la franquicia de las franquicias, y el líder estadístico en partidos, minutos y tiros de campo, tanto anotados como intentados.

Durante aquel verano de 1978 se produciría un nuevo draft, es decir, una nueva oportunidad para Red Auerbach de maravillar al mundo, justo cuando su estrella se retiraba. Pero eso es otra historia, que comienza y termina en Frech Lick, Indiana.

 

1Comment
  • Manuel Frances soler
    Posted at 18:19h, 08 marzo Responder

    Muy guapo tío!!!! 😁😁

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