El Playmaker | Nunca subestimes el corazón de un campeón
Olajuwon, Rockets, Champions, NBA
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Nunca subestimes el corazón de un campeón

Toda historia de cualquier equipo campeón empieza en una derrota. Los años anteriores a los anillos de Jordan con los Bulls fueron precedidos por las derrotas ante los Pistons de los Bad Boys. Los Lakers de Kobe perdieron contra los Celtics antes de ganar los dos anillos de Pau. Incluso los Spurs tuvieron que sufrir la dolorosísima derrota ante los Heat del triple de Ray Allen para volver sublimando el baloncesto con el título de 2014.

Así las cosas, los Houston Rockets de la temporada 1992/1993 perdían el séptimo partido de una durísima serie contra los Seattle Supersonics de Kemp en el séptimo partido tras un error en el triple de Kenny Smith.

El verano de 1993 tiene una importancia capital para esta historia. Rudy Tomjanovich, el entrenador de Houston Rockets, decidió realizar el training camp de ese verano en un instituto de Galveston, en el estado de Texas. Durante el verano, el equipo de la ciudad de la NASA aprendió a ser aguerrido, temperamental pero consciente y, sobre todo, luchador.

Tras el intenso entrenamiento veraniego los Rockets empezaron la temporada regular con la mejor racha de victorias vista hasta el momento en la historia de la NBA, 14 consecutivas. Llegó entonces un partido crucial contra New York Knicks en el Madison Square Garden. Eran los Knicks que se bajaban al barro, una suerte de Bad Boys a las órdenes de Pat Riley. En un durísimo partido los Rockets se llevaron la victoria y prorrogaron su racha hasta las 23 victorias y una derrota contra Atlanta Hawks. Además de tener un gran ataque, cuando este no funcionaba, era un equipo extremadamente solidario en defensa, contando además con el MVP y el Mejor Defensor de la NBA, ambos concentrados en la figura de Hakeem Olajuwon. Así las cosas, llegaba Houston a los Playoffs, obteniendo el mejor récord de la historia de la franquicia (58-24).

Ya en las eliminatorias por el título, el primer rival era Portland Trail-Blazers, de la mano de Clyde Drexler. Entonces la primera ronda se resolvía en cinco partidos, pero los Rockets no necesitaron más de cuatro para mandar a casa a los de Oregon, imponiéndose claramente Hakeem a todos los defensores que osaron ponerle una mano en la cara.

En semifinales, se enfrentó Houston a un equipo crucial para entender la leyenda de los Rockets campeones. Aparecía en escena el anterior subcampeón, los Phoenix Suns de Charles Barkley, que llegaba como MVP de la temporada anterior. Los dos primeros partidos de la serie quedaron marcados por dos remontadas tremendas de los Suns en casa de Houston. Más sangrante fue la segunda, pues tras ir 100-82 a falta del último cuarto, los Rockets desconectaron y perdieron 117-124 ante un Barkley y un Dan Majerle espectaculares. Las cosas no funcionaban. Tras hacer tres primeros cuartos muy buenos, las pérdidas y los errores en las canastas fáciles condenaron a los Rockets.

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Fue en ese momento en que se empezó a edificar la leyenda. En el tercer partido apareció Vernon Maxwell para anotar desde todas las posiciones posibles (34 puntos, 14/24 TC), dándole la primera victoria en la serie a Houston. Siguió el ascenso de los Rockets en los dos siguientes encuentros, con actuaciones espectaculares de Olajuwon (28 puntos / 12 rebotes / 8 asistencias / 5 tapones en el cuarto). Remontaban así una serie que se puso complicada en extremo, pues el quinto partido fue excelso en cuanto al equipo, ya que todo el quinteto logró 10 o más puntos, demostrando que no todo era el pívot africano.

Finalmente, al volver a Houston para el séptimo, el equipo de Rudy T. se llevó la eliminatoria ante unos impotentes Suns, que aún se deberán estar preguntando cómo les remontaron un 0-2 jugando el tercer y el cuarto partido en casa. Tras esta serie, en los prolegómenos del primer partido de las Finales de Conferencia, David Stern entregaba el MVP de la temporada regular a Hakeem Olajuwon, que se unía al de Mejor Defensor. Hakeem, en un gesto caracterizador de su figura y de todo el equipo de Houston, subió al estrado a toda la plantilla, cuerpo técnico incluido, para recibir el premio.

La siguiente piedra en el camino era Utah Jazz, con Stockton y Malone a la cabeza, pero nada pudieron hacer ante el vendaval que supusieron los texanos. Ganaron la eliminatoria con un juego muy fluido en ataque, con mucho movimiento de balón y un constante dentro-fuera con Hakeem y Thorpe, con la finalidad de encontrar tiros liberados para Smith, Maxwell y Mario Elie.

Resuelta la Final de Conferencia llegaban, de nuevo, los New York Knicks de Riley, Ewing, Starks y Oakley, entre otros. Se comparó la serie con las batallas épicas que mantuvieron en los ’60s Bill Russell y Wilt Chamberlain debido a la presencia de Hakeem y Ewing. Olajuwon, competitivo hasta la médula, no era capaz de olvidar la Final de la NCAA que el pívot de Georgetown le arrebató en 1984. Se trató de una eliminatoria muy física, en que ninguno de los dos equipos llegó a superar los 93 puntos anotados, y la máxima diferencia para cualquier equipo fue de +9 para NYK (cuarto partido: 91-82).

Tras llevarse un partido cada equipo, llegó una verdadera batalla en el tercero. Teniendo el partido casi ganado Houston por +14, la defensa de Ewing y Derek Harper, unida al acierto en ataque de Starks y el propio Harper, hizo aparecer el fantasma de la eliminatoria contra Phoenix. Tras un parcial tremendo de diez minutos en que Houston no anotó en juego, apareció la figura del rookie Sam Cassell. Con dos abajo y 48 segundos por jugar, metió un balón interior a Olajuwon. Hakeem recibió un dos contra uno en lado fuerte del defensor de Cassell. Con una nueva demostración de su excelsa visión de juego, Hakeem devolvió el balón al base que, sin dudarlo, se levantó y anotó un triple crucial para llevarse el tercer encuentro.

Pero no todo estaba ganado, había que seguir remando, pues los dos siguientes partidos se los llevó New York, con un arreón impresionante de juego defensivo y velocidad en ataque impulsado por Starks y Harper para poner el 2-3 en la serie para los de la Gran Manzana. Habían llegado a un extremo delicioso para NYK, pues jugaban el sexto en el Madison Square Garden. Era ganar o irse a casa para Houston. El conjunto texano empezó nervioso el partido (15-8 de inicio). El quinteto no funcionaba, así que Rudy T. movió el banquillo. Sentó al base y al ala-pívot titulares (Kenny Smith y Otis Thorpe) para sacar a Cassell y Herrera. El joven base de ojos saltones demostró estar preparado, así como el interior. Entre los dos anotaron veintiún puntos que dieron vida a los Rockets. Starks, eso sí, no paraba de producir (27-8), pero los titulares tomaron el testigo a los reservas y Olajuwon volvió a demostrar quién era el MVP con otro partido impresionante (30 puntos / 10 rebotes / 4 tapones). Pero fue Kenny Smith el que casi mató el partido con otro tiro abierto de tres (84-77). Aún así, los Knicks demostraron tener un corazón y un orgullo dignos de estudio, pues tuvieron el tiro para ganar, pero allí estaba, a siete metros del aro, Olajuwon para poner el cuarto tapón sobre Starks y fiarlo todo al séptimo en Houston.

Antes de salir a jugar el último, Tomjanovich, en la charla del vestuario dijo: “Todo lo importante en esta vida hay que luchar para obtenerlo”. Esta frase definía profundamente a aquellos Rockets, que desde el training camp habían aprendido a sufrir para llegar a obtener la gloria. En esta ocasión el que siguió el camino marcado por Olajuwon fue Maxwell, con poca aportación en las Finales, que se salió con 21 puntos y el triple decisivo a 1:49 para el final del partido. Olajuwon recibió también el MVP de las Finales y demostró a Ewing que él podía ganar en la universidad, pero en la mejor liga del mundo no iba a ganar nada.

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Con el subidón del campeón se marcharon los Rockets de vacaciones, pero a la vuelta parecía que seguía el mismo cauce, pues empezaron con 9-0. Pero la euforia no les vino nada bien, se empezaron a cometer fallos de infantiles. Pérdidas de balón estúpidas, fallos de canastas fáciles y pérdidas de concentración alarmantes. Incluso empezaron a perder partidos de paliza. Tras la mala racha de juego y resultados, la franquicia decidió moverse en el mercado y fichó a Clyde Drexler, nada más y nada menos que un futuro hall of famer y lo más importante, compañero de universidad y amigo íntimo de Olajuwon. Al principio le costó entrar en el sistema pero cuando lo hizo se disiparon todas las dudas. El problema llegó cuando Maxwell perdió la titularidad y la mayoría de sus minutos en beneficio de Drexler, acabando incluso con la carrera de Mad Max en Houston. Pero los Rockets no iban a dejarse llevar por la pérdida de una de sus piezas más importantes en el anillo anterior y siguieron con su remontada, que los dejó como sextos del Oeste.

En primera ronda de Playoffs tocó Utah de nuevo. En unas series, otra vez, llevadas al último partido, aparecieron los dos amigos. 33/10 de Olajuwon y 31/10 de Drexler. Llegaba el partido igualado al final cuando Mario Elie metía un balón al poste a Hakeem que, girándose elegante, como solía, en un fade-away eterno conseguía meter en semifinales de Conferencia a su franquicia. Llegaron de nuevo Barkley, Majerle y compañía a disputar una serie loca y brutal. Ninguno de los dos equipos fue capaz de convertir su cancha en un fortín, ya que Houston perdió los dos primeros partidos en casa, ganando el tercero y volviendo a perder el cuarto, esta vez en Phoenix.

Con 1-3 en contra, y antes de ingresar en pista, Kenny Smith tomó la palabra en el corro de los jugadores y dijo: “No hemos perdido una serie en un año y medio, y no vamos a empezar esta noche”. Houston se agarró al partido en los últimos minutos y la suerte acompañó, pues un tiro de Pearson que pudo matar la eliminatoria hizo la corbata y se salió. En la prórroga fue Robert Horry el que tomó el mano rebotando y anotando para poner el 2-3 en la serie. El sexto fue ganado en casa con más comodidad y la eliminatoria se veía abocada de nuevo al séptimo. En un partido extremadamente parejo, se llegaba con 112-114 a favor de los Suns con 10 segundos por jugar. Tras un dos contra uno en pista defensiva sobre Kenny Smith, este soltó el balón para Robert Horry. El alero de Alabama cruzó toda la pista con un pase hasta la esquina contraria. Pegado a la línea de tres estaba Mario Elie, cuyo defensor estaba volviendo tras el trap sobre Smith, y no pudo evitar lo inevitable. Se levantó Elie, el balón fue cogiendo arco hasta que la bomba explotó en la red de Phoenix. Se giró mirando al banquillo de los Suns. Juntó sus dedos índice y corazón, se los llevó a la boca y le mandó a Phoenix el kiss of death.

Lo habían vuelto a hacer, se habían agarrado a la eliminatoria tras ir perdiendo 1-3 y ganaron 4-3. Impresionante. Pero aún quedaba mucha tela por cortar.

En las previa de las Finales de Conferencia, David Robinson recibía el MVP de la temporada regular. Cuentan los que estuvieron allí que Olajuwon, desde el otro lado de la pista, tiraba fuego por las orejas. Se acercó Drexler y The Dream le dijo: “Tranquilo Clyde, el premio gordo nos lo llevamos nosotros”. En aquella Final del Oeste Olajuwon demostró al mundo quién era el verdadero MVP. Dio un recital de movimientos en el poste impresionante, llegando incluso a fintar tres veces el mismo tiro para quitarse de encima a Robinson.

Con esa demostración increíble de Olajuwon la serie, por fin, no necesitó de siete partidos, ya que fue resuelta 4-2 a favor de Houston. Hasta el momento, los Rockets, sextos del Oeste, habían eliminado al tercero (Jazz), al segundo (Suns) y al primero (Spurs). Tocaban los Magic, primeros del Este. Y, de nuevo, otro duelo contra uno de los mejores pívots de la historia, Saquille O’Neal. Era el O’Neal primigenio, el capaz de correr la pista en tres segundos para acabar machacando. Pero tampoco los Magic supieron hacer frente a Houston que acabó por proclamarse campeón barriendo al mejor equipo del Este, 4-0.

Mucha gente se pregunta si fueron un campeón circunstancial, debido a la retirada de Jordan. La respuesta a la pregunta de si hubieran ganado con Jordan en Bulls no la tendremos nunca, pero hay algo obvio y claro referente a aquellos Rockets. Fueron uno de los equipos más difíciles de eliminar, y como diría Rudy T. al recibir el trofeo Larry O’Brien: “Nunca subestimes el corazón de un campeón”.

 

Fotografía portada: Houston Chronicle

 

 

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