El Playmaker | Why so serious?
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Why so serious?

Hubo un tiempo, no muy lejano, en que a Kevin Durant se le respetaba en la mejor liga del mundo. Uno de los jugadores con más talento que haya pisado una cancha de baloncesto era considerado un superestrella callada, un asesino silencioso, que salía a la pista para anotar de cualquier posición, tapar líneas de pase con sus kilométricos brazos y ayudar a su equipo a ser uno de los mejores de la liga. Pero eso era un problema para Durant. Quería formar parte de los mejores, no ser la cabeza visible del proyecto, lo cual, tras aquella dolorosa remontada de los Golden State Warriors en las rondas por el título de 2016 (se pasó del 1-3 al 4-3), el alero de Washington hizo suya la manida sentencia del “si no puedes batirlos, únete a ellos”.

Así pues, el cuatro de julio, día de la Independencia americana, Durant dejó la única franquicia que había conocido desde que llegó a la liga, su pequeño mercado de Oklahoma City y al que decía ser su hermano, Russell Westbrook, en la estacada para unirse al que había sido el mejor equipo de la historia en temporada regular (73-9 de los Warriors en la 2015/16), el equipo que lo había eliminado la temporada anterior. A través de una carta abierta en The Players Tribune, Durant se uniría en un equipo casi imbatible junto a Stephen Curry, Klay Thompson, Draymond Green o Andre Iguodala, entre otros.

Entonces, tanto la opinión pública como la opinión publicada no se explicaban por qué de un día para otro habían pasado los Thunder de ser un claro contendiente al anillo a ser un equipo del montón en la terrorífica Conferencia Oeste. Las reacciones de los propios jugadores de la liga no se hizo esperar. Mientras que compañeros como Green lo acogían con los brazos abiertos, leyendas como Paul Pierce señalaba que no podía derrotarlos, así que se unió a ellos; estrellas como Damian Lillard apuntaba que el juego había cambiado; Marcin Gortat y Joel Embiid, por otro lado, apuntaba que el equipo se iría hasta los doscientos puntos por noche; y, sin embargo, la más llamativa fue la de Jusuf Nurkic, pívot de los Blazers, que decía lo que muchos pensaban: “eso no lo hace una superestrella”.

Ante tal torrente de opinión, Durant únicamente pudo hacer una cosa. Algo que toda una franquicia ya hizo a finales de los años ochenta. Se encerró en su nuevo equipo, en su nueva ciudad, y se convirtió, dentro de sus posibilidades, en un Bad Boy. Si todo el mundo iba a estar contra él, no iba a ir regalando sonrisas. En esta transformación tuvo mucho que ver Draymond Green, que como ya se apuntaba, fue uno de los primeros jugadores de los Warriors en darle la bienvenida. En los primeros partidos de Durant con la camiseta de los de la Bahía, se le veía continuamente hablando con Green, celebrando con él, casi su nuevo hermano. Para ver un claro ejemplo de la ascendencia que estaba tomando Green sobre Durant habría que irse a febrero de 2017. En un partido horrible de los Warriors y, sobre todo, de Durant, Draymond Green tomó la palabra durante un tiempo muerto para atacar de malos modos a Durant por su actuación hasta el momento. La imagen se volvió la comidilla de la liga, ya que en el aparentemente paradisíaco vestuario de los Warriors, se había producido una bronca a pie de pista. Sin embargo, Green señaló más tarde que estaba buscando la reacción de Durant a su pobre partido, finalmente sin consecuencias, ya que terminó el encuentro con diez puntos (2/10 en tiros de campo). Unos días después, Durant confirmaba ante la prensa que la actuación de Green le beneficiaba, ya que necesitaba a compañeros que le pusieran en la tierra cuando hiciera las cosas mal.

 

Entonces llegó el día del regreso. El once de febrero, los Warriors visitaban por primera vez a los Thunder tras el traspaso de su estrella. El partido estuvo marcado por el enfrentamiento con su ex hermano Russell Westbrook. El base jugó hasta la extenuación en un intento baldío de oponerse casi en solitario a la manada de anotadores que tenía enfrente. Aun así, terminó el partido con 47 puntos, once rebotes y ocho asistencias. Con 76-94 en el marcador solo en el tercer cuarto, y de camino a los banquillos para un tiempo muerto, Durant y Westbrook se encararon por primera vez desde que dejaron de compartir vestuario.

 

Tras ese incidente con Westbrook, un desquiciado Durant por la actuación del público, ya que fue pitado desde que ingresó en cancha hasta que se marchó, tuvo un enganchón con Andre Roberson. Claramente posicionados con la estrella que no los había abandonado, los jugadores de los Thunder cerraron filas en torno a su líder.

Los cuatro partidos de la temporada regular se los terminó llevando Golden State, así como el anillo de campeón. En una temporada, como todo el mundo era capaz de prever, Durant conseguía el título, la razón de peso para marcharse de Oklahoma y reunirse con los Monstars.

El último capítulo hasta el momento de la rivalidad entre los otrora compañeros se dio esta misma semana. Los Warriors visitaban Oklahoma, pero a un equipo diferente, el equipo de Westbrook, sí, pero también de Carmelo y George. En una nueva prueba de que el base californiano sube sus prestaciones ante Durant, firmó 34 puntos, once rebotes y nueve asistencias, mientras que Durant -21 puntos- únicamente le contestaba con palabras y con gestos amenazantes. Cabe señalar que no es la actitud de un único día: en cada ocasión en que los todopoderosos Warriors no van ganando o, simplemente, no dominan un encuentro, nos encontramos con esto. No solo en Green, al que ya se conoce desde que comenzó a despuntar, sino en los bailes del hijo de Dell, o en el intento espurio de parecer un chico malo de la nueva estrella de la Bahía.

 

En una opinión pública y publicada que tiene el foco puesto en Joel Embiid y sus salidas de tono, habría que mirar de vez en cuando a superestrellas contrastadas de la liga y preguntarse: eres campeón, a tu manera, pero eres campeón y juegas en un equipo de ensueño, Kevin, why so serious?

 

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