Cómo Rocky IV ayudó a ganar la Guerra Fría

Cómo Rocky IV ayudó a ganar la Guerra Fría

Mil novecientos ochenta y cinco fue un año fundamental para entender al mundo tal cual lo conocemos. Puede parecer exagerado, pero no lo es. En el mismo año que Daniel Ortega tomó el poder en Nicaragua, ocurrió la tragedia de Heysel o Kaspárov se consagró como campeón mundial del ajedrez, una muerte, una elección y una película ayudaron a determinar el curso del conflicto ideológico, económico y político que definió el siglo pasado.

 

Es en enero de 1985 cuando Ronald Reagan comenzó su segundo mandato, tras ganar con mayoría abrumadora las elecciones un año antes. El éxito de la “Doctrina Reagan” comenzaba a dar sus frutos y sus esfuerzos para terminar con el “Imperio del mal”, tal como denominó a la Unión Soviética, empezaban a verse.

 

Reagan tuvo su momento de fortuna cuando en marzo de 1985, Mijaíl Gorbachov tomaba las riendas del bando soviético, tras la muerte de su predecesor Konstantin Chernenko. El nuevo gobernante iba a demostrar que sus “modernizaciones” políticas, económicas e ideológicas le iban a terminar costando todo lo que habían conseguido, pero Gorbachov aún no lo sabía.

 

Si de un lado teníamos un presidente determinado a destinar todos sus recursos a ganar la guerra y otro que quería alejarse de los conflictos y pasar página, el resultado final era algo predecible. Estados Unidos terminó ganando la Guerra Fría. Pero no lo hubiera hecho sin un superhéroe de ficción.

 

Es 27 de noviembre de ese 1985, ocho días después de que Reagan y Gorbachov se encontraran por primera vez, cuando se estrenó oficialmente Rocky IV, la cuarta entrega de la saga más trascendental de la historia del cine. Claro, alguno pensará que El Padrino, El Señor de los Anillos o cualquier otra puede ser mejor, pero eso no se va a discutir. Porque ninguna ayudó a ganar una guerra como lo hizo Rocky.

 

La película llega en el contexto justo. Si los Estados Unidos necesitaban mostrarle al mundo que ellos debían ganar la guerra, imponer su capitalismo a lo largo y ancho de la Tierra y afirmar que el comunismo no tenía mucho futuro, encontraron a su interlocutor ideal en Rocky Balboa.

 

En sus primeras tres entregas, Rocky Balboa se había transformado de un insignificante matón en los suburbios de Philadelphia a ser retador y luego campeón del mundo de los pesos pesados. Había tenido un hijo, se hizo millonario, perdió su título y a su maestro, se rehízo de sus cenizas y recuperó el trono. Una vida ideal. Mucho del sueño americano.

 

Pero en esta cuarta entrega, Rocky debe lidiar con cosas mucho mayores. Todo comienza cuando Ivan Drago, campeón de la Unión Soviética, decide viajar a los Estados Unidos a pelear. Su rival sería ni más ni menos que Apollo Creed, el estadounidense modelo (al punto de ingresar al ring con James Brown cantando “Living in America”) que fue rival-entrenador-amigo de Rocky durante la saga. El viejo Creed se entrena para el combate, pero la superioridad de Drago era tan grande que la pelea estaba totalmente desequilibrada.

 

Rocky fue el entrenador de Apollo durante ese combate y en su poder estaba parar la pelea, pero su amigo le había pedido que por favor no lo hiciera. El personaje de Creed decide terminar la pelea con honor, aunque el castigo del soviético le termina ocasionando la muerte en una de las escenas más importantes de la saga.

 

 

Herido en sus sentimientos, Balboa decide tomarse revancha por manos propias y organiza su vuelta al boxeo para derrotar a la joven promesa soviética. Claro, los estadounidenses no podían permitir que el poder caiga en manos de los rusos e incluso estarían dispuestos a dejar la vida por la patria.

 

La empresa que parecía imposible para Balboa se comienza a hacer posible cuando se va a entrenar al corazón de Siberia, levantando troncos y corriendo entre la nieve rodeado de su círculo cercano y vigilado por la KGB. Drago, por su parte, se preparaba en laboratorios dónde le suministraban sustancias sospechosas, le medían estadísticamente su rendimiento y lo humano parecía estar en las antípodas de este ambiente.

 

Pese a que Adrian, la mujer de Rocky, se había negado a viajar a la pelea al temer por la vida de su esposo, ella termina arribando a Rusia antes de la pelea. En las películas, ningún hombre es héroe sin su esposa.

 

Finalmente llega el 25 de diciembre y mientras la Navidad (fiesta estadounidense y capitalista si las hay) se abría paso, Drago y Balboa se daban cita para un evento mucho más grande que una simple pelea de boxeo ficcional.

 

 

Claro que esta es una película de Hollywood y los estadounidenses siempre son los buenos y los vencedores. Drago comienza el combate castigando y llevando contra las cuerdas varias veces a Rocky, que intenta aguantar el castigo y reaccionar. Sin embargo, cuando acaba el segundo round, Balboa logra impactar al soviético y le provoca un corte que deja a Drago sangrando.

 

El público queda en silencio y el rincón le dice a Balboa que Drago “no era una maquina” mientras que el ruso queda sorprendido por el corazón y la fortaleza del norteamericano. La película entraba en su clímax.

 

El combate se desarrolla mientras ambos boxeadores dejaban todo en el ring, castigándose sin piedad. Rocky va tomando el protagonismo durante el combate y Drago, la máquina invencible, iba perdiendo su brillo y comenzaba a humanizarse, al punto de pelearse con su rincón y empezar a pensar que no era invencible.

 

Pero la frutilla del postre y el final de la película no podía ser más ideal para el bando americano. Como una perfecta analogía de la Guerra Fría y tras mucho tiempo de pelea, el estadounidense tiró de coraje y logró derribar al duro soviético, que con el paso del tiempo va perdiendo su color hasta ser una simple sombra del poder que había mostrado en sus comienzos.

 

Rocky comienza a castigar sin piedad en el último round hasta noquear a Drago y llevarse la victoria contra todo pronóstico. Sin embargo, y como si no hubiese sido poco, su discurso tras el combate es lo que marca a fuego a esta película. Viendo que el público en Moscú había cambiado la hostilidad hacia su persona por aplausos, el “Semental Italiano” pronuncia unas palabras inolvidables.

 

 

Tras reconocer el respeto ganado por el público que lo consideraba un enemigo, Balboa dice que ver a él y a Drago pelear era “mejor que ver pelear a millones” y les dice a los soviéticos: “Si yo puedo cambiar y ustedes pudieron cambiar, ¡todo puede cambiar!”

 

Los representantes del Politburó terminaron aplaudiendo y reconociendo al boxeador estadounidense. No sabemos si Gorbachov vio la película o no, la que mostraba a Balboa como el estadounidense definitivo, pero desde allí comenzó a impulsar varios cambios en la política soviética que terminó con la caída del Muro de Berlín y luego de la propia Unión Soviética.

 

Pese a los numerosos intentos de volver al socialismo, hoy Rusia es una república más dentro del sistema capitalista. Su conflicto con los Estados Unidos continúa, pero bajo las reglas norteamericanas. Porque un 25 de noviembre, pero de 1991, la bandera soviética dejó de flamear en el Kremlin y fue reemplazada por la insignia tricolor de Rusia. Y es innegable qué, si la balanza se inclinó del lado americano, algo tuvo que ver Rocky Balboa.

Acerca del autor

Argentino. Estudiante de periodismo deportivo. Muy de Diego y de Manu. Sé el cambio que quieres ver en el mundo.

1 Comentario

  • Alberto
    enero 24, 2019

    La bandera soviética no fue arriada el 25 de noviembre, sino el 25 de diciembre de 1991, es decir, al cumplirse cinco años exactos de la victoria del norteamericano y cristiano Rocky Balboa sobre el ruso soviético Iván Drago.

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