El fútbol lo merece: el enésimo Messi-Cristiano

El fútbol lo merece: el enésimo Messi-Cristiano

Los octavos de final de la Champions League 2018/19 han evidenciado, una vez más, que estamos en una época en la que mandan dos jugadores: Lionel Andrés Messi Cuccittini y Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro.

 

Cada uno a su manera, como siempre lo han hecho, han conseguido meter a sus equipos en los cuartos de final. Es obvio que queda mucha competición por delante, pero lo conseguido por las estrellas que más brillarán en el firmamento del pasado cuando todo haya concluido vuelve a mostrar que están a años luz de todos los demás. Empecemos cronológicamente.

 

En toda Europa se había instalado el miedo a las remontadas tras ver; primero, el descalabro del Real Madrid ante el mejor Ajax de Ámsterdam desde 1995. Un equipo valiente, pelotero, sin miedo a nada, con las ideas claras y el juego en la cabeza; y después, la hecatombe del Paris Saint-Germain en el Parque de los Príncipes contra un defenestrado Manchester United que ha resucitado milagrosamente el héroe de 1999: Ole Gunnar Solskjær.

 

Quizá ese temor estaba inconscientemente en la cabeza de los jugadores de Simeone, o quizás lo que les echó hacia atrás fuera su propio entrenador, siempre dado a la encerrona cuando todo está de cara o cuando tiene que ir de verdad a ganar un partido. En esta ocasión ni siquiera tenía que ganarlo, sólo tenía que anotar un gol para mandarlo todo a paseo.

 

El martes, entre las filtraciones que decían que Cristiano había prometido a sus allegados que pasarían de ronda tras el 0-2 de la ida con un hat trick, llegó un Atlético de Madrid irreconocible, timorato y con ninguna apariencia de competitividad al Juventus Stadium, y se fue por donde vino. Regresó a Madrid con el discurso oficial bien aprendido, con la cabeza gacha y afirmando que la Juve había sido mejor.

 

La Juventus de Turín fue mejor desde Allegri hasta el propio delantero, pasando por un extraordinario Chiellini y un desatascador como Bernardeschi. Las portadas del mundo entero se centraron en el 7, que cumplió su promesa de vengarse del equipo del Metropolitano. Esto, en una ocasión más, ocurrió debido a la mentalidad de Ronaldo, que como él mismo dijo, había llegado a la Juve para cosas como esta. Dos cabezazos, un penalti y a su ronda fetiche.

 

Su mirada lo decía todo en la primera mitad: por él no iba a ser. A pesar de no ser un controlador de partidos, es un líder, lo cual es innegable, y propagó en un equipo ya de por sí orgulloso ese punto de ansiedad controlada que hace posible noches como la del martes. La unión de la grandeza juventina con el hambre de Ronaldo únicamente podía dar como fruto algo así. 

 

Cristiano celebrando el 3-0 I Alberto Lingria para Reuters

 

Porque ya lleva 124 goles en Champions en 160 partidos, 63 de los cuales los ha logrado en las eliminatorias. Mr. Champions, como lo llaman desde Inglaterra. Un delantero extraordinario, con un hambre inagotable que será imposible de borrar de la historia. ¿Por qué habría de hacerse? Nunca lo harán tampoco Pelé, Van Basten, Ronaldo -el original- o Romario.

 

La respuesta

 

Y como cada Zeus, Cristiano tiene su Júpiter. Tras observar, como el resto del mundo, la actuación de Ronaldo en el Juventus Stadium, Leo Messi salió anoche al Camp Nou a resolver la eliminatoria contra el Olympique Lyonnais. Al igual que Cristiano, disfrutó de una oportunidad desde los once metros y, ahí, justo ahí, mostró la gran diferencia que hay entre ambos.

 

Ronaldo cerró la eliminatoria ante el Atlético con un penalti marca de la casa: potente, imparable, abajo, sin dudar. Leo, en cambio, para deleite del público y para la tranquilidad general, optó por meterlo a lo Panenka. Suave y al medio, casi disculpándose por ser tan bueno.

 

Luego, a trotar. Un aparentemente desaparecido Messi vagó por el pasto del Camp Nou a la espera, agazapado. Como si no estuviera metido en el partido. El encuentro siguió su curso: 2-0 al descanso. Y como viene siendo habitual en el equipo de Valverde, a sestear con el resultado a favor en la reanudación.

 

La salida fue lenta por parte de ambos equipos, pero de un momento a otro, el Olympique aumentó la velocidad y el resultado ya no era tan holgado: 2-1 y dominio de los franceses. El Estadi y todos los culés empezaron a temblar. En la Cope, Guille Uzquiano decía, por comparar, que al igual que Cristiano se había echado el equipo a la espalda la noche anterior, Messi debía hacer lo propio para no regalar una eliminatoria que el Barcelona tenía en el bolsillo tras el descanso. Y vaya si lo hizo.

 

Leo Messi dedicando uno de sus goles a su familia I Emilio Morenatti para AP

 

Tomó la responsabilidad a los diez minutos del 2-1, cuando el Olympique más apretaba. El Barça le quitó por fin la pelota y Leo se puso a jugar. Primero, tras una jugada espectacular propia, resolvía con la pierna derecha cruzado para el 3-1. Un regalo más para Pelé. Pero la cosa no había terminado, porque todavía tuvo tiempo de ponerle a Piqué, delantero centro de urgencia ante el bloqueo goleador de Suárez, el 3-1 en bandeja. Con un pase cruzado, esperando la llegada del central al segundo palo para rematar a placer. Una asistencia que, para sorpresa del delantero que no salió nunca de América, volvió a regalar con la pierna mala. 4-1. Y no estaba todo dicho, porque en una nueva contra, dirigida y orquestada por el argentino, esperó a que lo fueran doblando sus compañeros por los laterales. Y como Dembélé es el más rápido del campo, el balón fue para él. Los tres centrales focalizaron su atención en Leo, que abrió para Ousmane con la portería en la mirada. El francés la coló por debajo de las piernas a Gorgelin para el 5-1 definitivo. Tres goles a cargo de Messi en ocho minutos para mandar al Olympique a la lona y al Barça a cuartos.

 

108 goles en 131 partidos. Un jugador extraordinario, con un hambre inagotable que será imposible de borrar de la historia. ¿Por qué habría de hacerse? Nunca lo harán tampoco Di Stéfano, Cruyff o Maradona.

 

Ahora únicamente queda esperar al sorteo de los cuartos y las semifinales -viernes 12:00 en Nyon- para ver si los dos grandes colosos del fútbol del siglo XXI se encontrarán antes, o si se citarán el uno de junio en el Wanda Metropolitano. Huelga decir que ya lo hicieron en una ocasión, en el partido de los partidos, cuando Ronaldo todavía militaba en el United. Todos recordamos lo que ocurrió, pero sería precioso que volviera a ocurrir. Porque el fútbol lo merece.

 

Acerca del autor

Enamorado del baloncesto, que ha vivido como jugador, entrenador, delegado y aficionado. Ahora se dedica a contarlo. También considera el cine como la confluencia de todas las artes y, por ello, el arte definitivo.

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