La sostenibilidad económica de la NBA

La sostenibilidad económica de la NBA

En los últimos 30 años, la NBA ha cambiado en muchos aspectos, tanto organizativos como en temas de juego como la defensa, los porcentajes de triples, el rango de tiro… Pero si en algo ha sido significativo el cambio ha sido en temas salariales.

 

Desde cierto punto de vista puede ser normal que diversos factores como el coste de vida, la inflación y otros elementos económicos hagan que los salarios aumenten conforme pasan los años. Pero en el caso de la NBA, dichos aumentos salariales han excedido y exceden, claramente, a los agentes macro económicos antes mencionados.

 

Me gustaría comenzar, a modo de ejemplo ilustrativo, comparando el total del salario de los cinco jugadores mejor pagados del año 1996, con los cinco jugadores mejor pagados de la pasada temporada 17/18.

 

En 1996, Michael Jordan, Horace Grant, Reggie Miller, Saquille O’Neal y Gary Payton sumaban un total de 76 millones de dólares en salarios, de los cuales treinta millones eran ya solamente para Jordan. Durante la pasada campaña, los cinco mejor pagados fueron Stephen Curry, Lebron James, Paul Millsap, Gordon Hayward y Blake Griffin, sumando un total de 157 millones de dólares. Más del doble.

 

 

Es más, actualmente hay cuarenta jugadores que cobran por encima de veinte millones y 123 jugadores por encima de diez millones. En 1996 solamente los cinco jugadores antes nombrados superaban los diez millones. El sexto, David Robinson, se quedaba en 9.952.000$. Espectacular diferencia en apenas veinte años teniendo en cuenta que dichos aumentos exceden en mucho lo que ha subido el coste de la vida en USA en estos veinte años.

 

Todo empieza en 2015, con la firma del nuevo acuerdo televisivo con Disney, propietaria de ESPN y ABC, y Turner, propietaria de TNT, por valor conjunto de 24.000 millones de dólares, a repartir entre nueve años.

 

Este acuerdo, del cual una parte se reparte entre las franquicias, otra va para la NBA como organización y otra a los jugadores vía salarios, hizo que se pasase de un tope salarial de 63 millones por equipo en la temporada 14/15 a 99 millones en la presente temporada (119 para llegar al impuesto de lujo).

 

Pero todos estos millones, que podrían demostrar el poderío económico de las distintas franquicias, esconden una fatal realidad para catorce de ellas, y es que tienen grandes pérdidas. Y resulta aún más sorprendente que equipos como los Lakers o los Knicks, que llevan varios años en lo más profundo de la clasificación, sean precisamente los más boyantes en el plano financiero, y que equipos como los Cavs o los Pistons, ganadores ambos de varios títulos, estén entre los que llevan en números rojos más tiempo. Los campeonatos no son garantía de éxito financiero en la NBA.

 

 

A parte del macro contrato televisivo a nivel nacional, cada franquicia firma, con absoluta libertad respecto al acuerdo nacional, un acuerdo con proveedores locales o estatales de televisión para retransmitir sus partidos en sus respectivos estados o ciudades.

 

Para determinar la cuantía de dichos acuerdos lo principal es valorar el mercado en el que está situada dicha franquicia. Es decir, en qué ciudad tiene su sede.

 

No son lo mismo los Lakers, que tienen su sede en Los Ángeles con una población de cuatro millones de personas -más su área metropolitana-, que los Grizzlies, con los 650.000 habitantes de la ciudad de Memphis. Esto provoca unos desequilibrios profundos en la competición que la NBA intenta paliar con reparto de fondos de forma equitativa, pero que no sirve aun así para evitar los números rojos de muchos equipos.

 

Pero en el horizonte hay otros nubarrones para las franquicias y la NBA. Hay varios analistas económicos que han afirmado que se pagó en exceso por los derechos televisivos de la NBA, y pusieron como ejemplo lo que se paga por los derechos de la liga de béisbol, la MBL.

 

Estos derechos supusieron un total de 1.500 millones por retransmitir todos los partidos, mientras que ESPN pagó 1.400 solamente por la mitad de los partidos de la NBA a nivel nacional y de la exclusiva de las Finales. Pero lo que es más importante, el béisbol tiene audiencias bastante más altas que la NBA en Estados Unidos.

 

Esto puede hacer que si las audiencias no suben como se espera, se negocien a la baja en el futuro dichos acuerdos. De ahí iniciativas como el NBA Sundays, pensado para el público europeo, próximas expansiones de la G-League a México D.F. (como experimento a una futura expansión de la NBA a dicha ciudad) o la vuelta de un equipo NBA a Seattle, la única ciudad importante sin equipo actualmente. Si la audiencia en USA ha tocado techo hay que buscar nuevos mercados, particularmente fuera, para justificar los derechos televisivos.

 

Para más inri, la ESPN lleva en pérdidas cerca de un lustro, con caídas en los suscriptores de cerca de trece millones, pasando de cien millones de abonados a 87 este mismo año. Por todo esto, la gente se pregunta si podrá volver a ofrecer lo mismo, o más si fuera necesario, en la futura renovación, o si será su tumba económica.

 

Ante esta disyuntiva ESPN puede tomar dos caminos. Uno es bajar el precio de sus abonos para captar más público, algo que llevaría al NBA League Pass a ajustar sus precios -con la pérdida de ingresos que eso supone a la NBA-, o bien ampliar el mercado a base de adquisiciones de otros canales en Estados Unidos.

 

Esto último es algo que ha realizado hace poco tiempo Disney, propietaria de ESPN, comprando gran parte de 21st Century Fox e incluyendo sus más de quince canales regionales dedicados al deporte, los cuales retransmiten en directo los partidos de los equipos de la NBA de sus correspondientes ciudades. Habrá que ver si es suficiente.

 

 

La gran esperanza es que en 2025 se sumen a la puja empresas como Amazon o Netflix, interesadas en el mercado deportivo en streaming para aumentar la competencia en adquirir los derechos televisivos de la NBA, subiendo el precio, y haciendo que esta espiral de aumento de costes salariales de forma desmedida pueda ser sostenible en el tiempo y no llevar a la ruina a míticas franquicias históricas. Pero para ello tienen que encajar muchas piezas antes.

Acerca del autor

Amante incondicional de la NBA y de los Detroit Pistons desde 1997. Combina esta afición con su amor a la cultura Hip Hop y, en particular, al rap desde la misma época.

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