Muerte en Venecia: de Thomas Mann a Luchino Visconti

Muerte en Venecia: de Thomas Mann a Luchino Visconti

Der Tod in Venedig es una novela corta escrita por el autor alemán Thomas Mann en 1912, cuando ya terminaba su estancia en Múnich, ciudad en la que comenzó su producción literaria. La novela fue escrita en un momento determinante en la nueva visión del mundo que se iba a dar a comienzos del siglo XX, encajada entre el final de la Belle époque y el estallido de la Primera Guerra Mundial.

La obra de Mann estuvo fuertemente influenciada por los grandes filósofos alemanes Nietzsche y Schopenhauer, así como por Freud y Goethe. Además, su educación cristiana también se vio reflejada en muchas de sus obras, a través de diversas referencias bíblicas. 

 

En el año 1971, el director italiano Luchino Visconti llevó al cine La muerte en Venecia. Visconti perteneció a la corriente del Neorrealismo italiano, aspecto que puede observarse en la manera en que utiliza la cámara para resaltar los sentimientos internos de los personajes en este filme, tan lejano ya en el tiempo de la época de esplendor del Neorrealismo.  

 

La muerte en Venecia trata sobre un escritor alemán que se marcha a Venecia, ciudad en la que ya ha estado en otras ocasiones, por la insatisfacción que siente en Múnich. Allí se encontrará con un joven polaco de gran belleza del que se enamorará hasta la obsesión. 

 

El tema del filme es esa obsesión por la belleza que incluso puede llevar al desvarío. El narrador de la obra original es omnipresente, estando la obra escrita en tercera persona. Por otro lado, en la película, no hay narrador, pero sí aparece en alguna ocasión una voz en off que pertenece a Alfred, un personaje inventado en la versión de Visconti.

 

La construcción de los personajes

 

Tanto en la obra original como en la película, los protagonistas son Gustav von Aschenbach y Tadzio. El primero es un autor reconocido en el mundo de las letras -compositor musical en la película-, ya que está incluido en diversos programas docentes alemanes, trabaja hasta la extenuación y acaba de recibir un título nobiliario, con lo cual ha añadido a su nombre el von que lo acredita como noble. 

 

Según la novela de Mann, 

 

“Aschenbach era de estatura ligeramente inferior a la media, moreno, e iba siempre bien afeitado. Su cabeza parecía un tanto grande en comparación con el cuerpo, casi quebradizo. Una cabellera peinada hacia atrás, rala en la coronilla y abundante y muy canosa en las sienes, encuadraba su frente alta, surcada por arrugas que hacían pensar en cicatrices”. 

 

En la versión cinematográfica el respeto por el original es máximo, ya que la caracterización de Dirk Bogarde como Aschenbach es perfecta, como puede observarse ya en el primer plano del protagonista en el barco que le acerca a la ciudad de Venecia al comienzo del filme. Muchos críticos han hablado de la construcción del personaje como un trasunto del propio Thomas Mann. Otros, incluso, han señalado al compositor Gustav Mahler como punto de partida para la creación de Aschenbach. Podemos ver rasgos de ambos en el personaje de Aschenbach, sin embargo, podría decirse que el personaje de la novela es un reflejo de Mann, por su homosexualidad y origen, mientras que el del filme tomaría el desafortunado suceso de la muerte de la hija de Mahler para construir el pasado del protagonista y una de las razones de su viaje a Italia, y su condición de compositor musical. 

 

Por otro lado, Tadzio es un joven polaco que se encuentra en el mismo hotel de Lido, con su familia, que se caracteriza por tener una belleza casi inverosímil. Según el original, Tadzio era:

 

“[…] bellísimo. El rostro, pálido y graciosamente reservado, la rizosa cabellera color miel que lo enmarcaba, la nariz rectilínea, la boca adorable y una expresión de seriedad divina y deliciosa hacían pensar en la estatuaria griega de la época más noble”. 

 

Aschenbach y Tadzio en Lido I Warner Bros.

Como suele ocurrir en este tipo de casos, la belleza imposible de Tadzio era casi imposible para una ser de este mundo. Sin embargo, tras unas larguísimas pruebas, Visconti seleccionó a Björn Andrésen, sueco de nacimiento, para el papel de Tadzio. 

 

En lo referente a los personajes secundarios, podríamos incluir al anteriormente citado Alfred, debido a la invención del propio Visconti, que hace las veces del Sócrates de la novela, transponiendo el personaje del Fedro platónico a la pantalla. Aparece únicamente en los flashbacks en que Aschenbach recuerda su pasado y sus conversaciones sobre la belleza, la música y el tiempo.

 

Por otro lado, son muy importantes, sobre todo para la construcción de Aschenbach, los personajes que son mera comparsa. En la obra original son dos: un extranjero en chándal que el protagonista ve en las inmediaciones del cementerio de Múnich, al comienzo de la novela; y el viejo maquillado que aparece en el barco junto a un grupo de jóvenes. Este último también aparece en la película, en la misma situación que en la novela. Ambos predicen, de alguna manera, el futuro de Aschenbach. En primer lugar, el extranjero le da la idea de viajar y marcharse a Venecia, mientras que el viejo del barco, al que mira con desdén, será un anticipo del hombre en el que se convertirá Aschenbach cuando admite, por fin, que está enamorado del joven Tadzio.

 

El desarrollo

 

Una vez ha llegado Aschenbach a Venecia, monta en una góndola ilegal, “tan peculiarmente negra como sólo pueden serlo, entre todas las cosas, los ataúdes”, que es llevada por un gondolero sin licencia. En este fragmento se puede apreciar tanto el personaje mitológico Caronte, en la figura del gondolero, como la mención constante de las lagunas de Venecia y a Hades, sin duda una referencia a la Laguna Estigia que recorre Caronte

 

Cuando llega al hotel, con un plano general que se convierte en un plano corto mediante un zoom hasta llegar al protagonista, se le ve enfermo, razón por la cual ha viajado a la ciudad de los canales (según la película). En los primeros minutos de metraje de esta parte del filme, vemos a un Aschenbach indeciso por quedarse en Venecia. Cuando pasea por la ciudad o se encuentra solo, parece decidido a marcharse, pero cambia siempre de opinión cuando se encuentra con Tadzio, siempre filmado a través de zooms hasta llegar al primer plano. Tanto en la obra original como en la película se resalta continuamente la belleza clásica del joven, como en una escena del filme en la que sale de la playa y la institutriz lo intenta secar con una sábana blanca colgada únicamente de un hombro, representando claramente la vestimenta de la Grecia clásica. 

 

En mitad de sus indecisiones, Aschenbach decide acudir a un balneario de Trieste a la mañana siguiente -regresar a Múnich en la versión cinematográfica-. Este fragmento es completamente idéntico en ambas versiones. Manda antes de marcharse su equipaje a la estación y cuando va hacia allí en el vaporetto tiene remordimientos sobre si debería hacerlo. Al llegar a la estación le dicen que han enviado, por error, su equipaje a Como. Mientras espera una solución, ve a un hombre agonizando. De nuevo Visconti utiliza el recurso del zoom para darle más dramatismo a la escena, y vuelve la cámara hacia Aschenbach, con un primer plano en el que se sonríe cuando dice que hasta que no recupere su maleta no se marchará de Venecia. 

 

Cuando regresa al hotel se para en la ventana a observar a Tadzio, que se encuentra en la playa. En la siguiente escena, se inserta un flashback de Aschenbach con su mujer y su hija (personajes que solo aparecen en el filme) en una escena feliz. Con ello, Visconti vuelve a resaltar que cada vez que Aschenbach ve a Tadzio, la dicha le acompaña. Sin embargo, a partir de este momento, la salud de Aschenbach va empeorando, a la vez que su obsesión por el muchacho va creciendo. Es tal la obsesión, que el propio Aschenbach acude a un burdel con la intención de hacer desaparecer al joven de sus pensamientos, pero se encuentra a una prostituta tocando Para Elisa, la misma canción que en la escena anterior ha escuchado tocar al joven polaco, y no puede acostarse con ella. 

 

En una de sus múltiples persecuciones, esta vez tras la misa en la Catedral de San Marcos, Aschenbach repara en que están desinfectando la ciudad, lo cual le preocupa. Pregunta a gente por la calle, a los trovadores que tocan en el hotel, al administrador, y todo el mundo le da la razón oficial: es por el calor y el siroco. Finalmente se entera de la realidad a través de un agente de viajes, que lo ve tan confundido que le revela que es el cólera, y que el pueblo lo sabe pero no lo dice porque Venecia se nutre del turismo. Completamente sudado y llorando, regresa al hotel diciendo que no debe informar a nadie de la verdad. Hay un primer plano intenso que se centra en su angustia cuando hay otro flashback sobre su familia: al contrario que el último en que estaba feliz con ellas, este último enseña la muerte de su hija, la misma circunstancia que decíamos le ocurrió a Gustav Mahler

 

Tras esto, se convierte en el viejo del barco. Va a la peluquería, lo maquillan y le tintan el pelo. Vuelve a acosar a Tadzio por la ciudad, esta vez de noche, oculto en la penumbra, acicalado. Tadzio se escabulle y se ve a Aschenbach sudando, con dificultades para respirar, utilizando para ello planos y contraplanos con el joven, hasta que se sienta en el suelo, completamente enfermo. 

 

Vuelve a aparecer un flashback, esta vez de un concierto en el que lo abuchearon. Los flashbacks van siendo más negativos conforme la historia y el protagonista van llegando al final. La secuencia final está tomada palabra por palabra de la novela, es completamente fiel. Hay un plano general de la playa y, al fondo, se ve llegar a Aschenbach, acicalado, ayudado por uno de los trabajadores del hotel, ya que apenas puede caminar solo

 

Fallece en la silla en la que observa a Tadzio, mientras la figura de este se recorta en un fondo soleado, muy apropiado para resaltar la poderosa belleza del joven. 

 

Elementos cinematográficos

 

El espacio en el que se desarrollan película y novela es el mismo: Venecia, el Hotel de los Baños en Lido, incluida la playa a la que se accede por el hotel, y Múnich. En el caso de este último, aparece en la obra original al comienzo, ya que Aschenbach se encuentra allí, mientras que en la película aparece en los flashbacks únicamente, puesto que la acción en el filme comienza ya en Venecia. 

 

La Banda Sonora del filme es de Gustav Mahler casi en su totalidad, a excepción de las dos interpretaciones que se hacen de Para Elisa, de Beethoven. Así mismo, el tema central de la película, que acompaña a Aschenbach a lo largo de su viaje, es el Adagietto de la Quinta sinfonía de Mahler. 

 

Por otro lado, en lo referente al vestuario, la escenografía y los decorados, hay que señalar que son completamente perfectos, en tanto en cuanto a la referencia literaria y a la propia cinematografía. Destaca sobre todo el vestuario, ya que se adecua perfectamente a la obra original, incluso el traje de marinerito inglés de Tadzio en su primera aparición, así como la caracterización de Bogarde, tanto estando sano, como cuando está enfermo o maquillado cual petimetre. 

 

En lo que se refiere a la iluminación y la fotografía, llaman la atención por su carácter narrativo. El uso de la luz con respecto al personaje de Tadzio, siempre iluminado, para dar mayor sensación todavía de ser un ser divino, así como la escena destacada anteriormente de la persecución nocturna, dotando a la escena de mayor patetismo con Aschenbach tirado en el suelo en la oscuridad, con una luz tan tenue que apenas deja ver el sudor y la desazón producida por la incongruencia de su acción. 

 

Tadzio mirando a Aschenbach en los exteriores del hotel I Warner Bros.

En resumidas cuentas, la adaptación de Visconti representa a la perfección la sensación de obsesión que otorga la novela corta de Mann, a través de la belleza del muchacho y el fin del señor, iluminado y casi feliz en la muerte por alcanzarla en el momento más bello que él puede imaginar, mirando al joven. 

 

Las diferencias entre una obra y la otra, como los flashbacks en lugar de los pensamientos sobre el Fedro, la aparición de la familia del protagonista, o el cambio de profesión de Aschenbach no son óbice para poder señalar a esta adaptación como fidelísima al original, tanto en lo que concierne al contenido y, también, a la forma que ideó Thomas Mann

Acerca del autor

Enamorado del baloncesto, que ha vivido como jugador, entrenador, delegado y aficionado. Ahora se dedica a contarlo. También considera el cine como la confluencia de todas las artes y, por ello, el arte definitivo.

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