The Freewheelin’ Suze Rotolo

The Freewheelin’ Suze Rotolo

Preguntas y respuestas. Las respuestas que buscaba una generación entera a las preguntas que todavía no habían formulado las puso por escrito Robert Allen Zimmerman en la apertura de su primer disco completo como compositor. Tras la publicación de Bob Dylan en 1962, un disco conformado, en su mayoría, por versiones de canciones populares estadounidenses -un rasgo que Dylan mantendrá durante toda su carrera-, los caminos del bardo se cruzaron con los de Suze Rotolo. 

 

Para poder comprender en su totalidad cómo se gestó The Freewheelin’ Bob Dylan, es necesario pararse a conocer a Rotolo. Hija de dos miembros del Partido Comunista Americano, se marchó a vivir con Dylan en 1962, como cuenta Clinton Heylin, biógrafo de Dylan, en Behind the Shades Revisited (1991). La influencia ejercida por sus padres recayó en Dylan cuando empezaron una relación que iría más allá de lo puramente romántico. 

 

Suze Rotolo es la culpable de la primera de las maravillas que nos legaría Dylan en el trienio mágico (1963-1966), donde se localizan sus mejores trabajos, ya que tras The Freewheelin’ vendrían The Times They Are A-Changin’ (’64), Another Side of Bob Dylan (’64), Bringing It All Back Home (’65), Highway 61 Revisited (’65) y Blonde on Blonde (’66). En aquel pequeño apartamento situado en West 4th Street, New York City, Rotolo se encontró con un Dylan apolítico, y poco menos que le ayudó a abrir los ojos. 

 

Lo llevó a reuniones del CORE (The Congress of Racial Equality) y le enseñó de qué trataba el movimiento por los derechos civiles. Así mismo, por poner un ejemplo claro, Rotolo habló con Dylan sobre Emmett Till, un joven negro de catorce años que había sido mutilado en 1955 por “coquetear con una mujer blanca”. Aquella conversación derivó en “The Death of Emmett Till”, una canción de la que el propio Dylan diría: “I think it’s the best thing I’ve ever written”. Así como Dylan aprendía constantemente de Rotolo, le pedía incesantemente que revisara sus canciones, ya que Dylan “knew her mother was associated with unions, and she was into this equality-freedom thing long before I was. I checked the songs out with her”. Tal era la influencia de Rotolo en Dylan, que en el verano del ’62, cuando Rotolo se marchó a Italia a estudiar arte, dejando a Dylan en Nueva York, este escribió algunas de sus mejores piezas (“Don’t Think Twice It’s All Right” o “Boots of Spanish Leather”) sobre ella. Sin embargo, Rotolo regresó, y lo hizo a tiempo para hacerse la foto de la portada de The Freewheelin’ Bob Dylan. 

 

Portada de The Freewheelin’ Bob Dylan (Don Hunstein)

 

Antes de aquello, claro está, pasaron muchas horas de estudio. Un año entero, desde abril del ’62 hasta abril del año siguiente, hubo de transcurrir para que la grabación del álbum concluyera. En total fueron ocho sesiones en los estudios de Columbia Records. De las dos primeras apenas se sacó material potable para el disco, pero en la tercera -9 de julio de 1962-, Dylan grabó cuatro canciones que sí entrarían en el álbum: “Blowin’ in the Wind”, “Down the Highway”, “Bob Dylan’s Blues” y “Honey, Just Allow Me One More Chance”. 

 

En “Blowin’ in the Wind”, quizá su canción más conocida, se puede observar una profunda reflexión sobre dos temas concretos. Se aprecian tanto el tono antibelicista que empezaba a tomar Dylan de Rotolo (“Yes, how many deaths will it take till he knows / That too many people have died?”), como un intento de encontrar una salvación posible para el ser humano a través de figuras naturales (“Yes, how many times can a man turn his head / Pretending he just doesn’t see?; “How many seas must a white dove sail / Before she sleeps in the sand?”; “Yes, how many years can a mountain exist / Before it’s washed to the sea?”). A todas las preguntas que va haciéndose responde de la misma manera: “The answer is blowin’ in the wind”, o lo que es lo mismo, está ahí esperando a que alguien la formule. El propio Dylan habló de la respuesta que está en el viento de esta manera: 

 

“Hay por ahí muchos enterados que te dicen dónde está, pero no me lo creo. Sigo diciendo que está en el viento y como un papel errante deberá posarse en algún sitio…El problema es que nadie recoge esa respuesta cuando llega al suelo, de modo que muy pocos logran verla y conocerla…” (2007:160).

 

En “Down the Highway” utilizaría las autopistas americanas -como tantos otros artistas después- como el medio natural de los estadounidenses. El uso lírico de la autopista como huida en busca de la libertad pretende reflejar el dolor de Dylan ante la lejanía de Rotolo, como se aprecia en los siguientes versos: Yes, the ocean took my baby / my baby took my heart from me / She packed it all up in a suitcase / Lord, she took it away to Italy, Italy.

 

Como se puede ver ya en “Down the Highway”, la ausencia de Rotolo todavía otorgó más intensidad a las letras de Dylan, como quedaría claramente de manifiesto en una de las joyas -de tantas que hay- de The Freewheelin’: “Don’t Think Twice, It’s All Right”. En esta realiza una introspección a la par que demuestra el porqué de su viaje (You’re the reason I’m trav’lin on). Además, en la segunda estrofa intenta hacerse perdonar (But I wish there was somethin’ you would do or say / To try and make me change my mind and stay), pero sin mucho convencimiento (But we never did too much talking anyway). A continuación se resigna. De nuevo de vuelta a la carretera, afirma que nada de lo que pueda hacer la destinataria podrá hacer cambiar su opinión: So it ain’t no use in calling out my name, gal / Like you never done before.

 

Hacia el final de la canción, Dylan, cual redentor, exime de los pecados a Rotolo y vuelve a ahondar en que lo que ha hecho porque, a fin de cuentas, está bien así:

 

So I’ll just say fare thee well

I ain’t a-saying you treated me unkind

You could have done better but I don’t mind

You just kinda wasted my precious time

But don’t think twice, it’s all right.

 

El lado melancólico de Dylan apareció también en la siguiente sesión, la séptima y penúltima, cuando grabó “A Hard Rain’s A-Gonna Fall”, en la que, al igual que en “Blowin’ in the Wind”, utiliza preguntas a sus hijos -interpretable como el mundo entero-: Oh, what did you see, my blue eyed son? / And what did you see, my darling young one?

 

Tras escuchar lo que sus hijos le tenían que decir, Dylan vuelve a formular una pregunta, tal vez la más importante de todas. Tras observar el mundo en su magnitud, con todo lo horrible que entraña, Dylan apunta: And what’ll you do now, my blue-eyed son? / And what’ll you do now my darling young one?

 

Ante esto, se le responde que no se rendirán. Volverán a salir ‘fore the rain starts a-fallin’, para poder contar las atrocidades del mundo, y que no queden escondidas. 

 

Además, algunas de las canciones integradas en The Freewheelin’ fueron escritas en Europa, como “Girl of the North Country”. Esta canción, según se ha intentado interpretar, estaría dedicada a Echo Helstrom, una ex novia de Dylan de Hibbing (Minnesota), pero fue terminada durante un viaje por Europa, cuando fue a visitar a Rotolo sin saber que ya había regresado a Nueva York. El principal recurso de esta canción es la petición de Dylan a una persona para que, si en algún momento viaja al norte, dé recuerdos a su ex, y le lleve los mensajes que continuamente va apuntando Dylan en la canción, como los propios recuerdos del pasado (“Remember me to one who lives there/she once was a true love of mine”) o la preocupación al parecer sincera por su bienestar (“Please see she has a coat so warm / To keep her from the howlin’ winds”).

 

En su viaje también tuvo tiempo de escribir un himno que jamás quedará obsoleto: “Masters of War”. Es un ataque continuo a aquellos despotas universales, a los “señores de la guerra”, que se lucran con el sufrimiento ajeno. Comienza con un llamamiento directo a estos (“Come you masters of war”), señalando una y otra vez en la primera estrofa algunos de los hechos comunes a todos los masters of war:

 

 You that build all the guns

You that build the death planes

You that build all the bombs

You that hide behind walls

 

A continuación incluye un oxímoron rotundo (You that never done nothin’ / but build to destroy), y señala la cobardía de estos líderes, ya que además de esconderse detrás de sus escritorios, ellos turn and run farther/ when the fast bullets fly.

 

Por otro lado, son recurrentes las referencias bíblicas. Si en Blowin’ in the wind hacía referencia a una paloma que no podía posarse en el suelo como la de Noé (2007:160), en Masters of war menciona tanto a la bondad por antonomasia, Jesucristo (Even Jesus would never / forgive what you do), como a la personificación de la maldad y la traición, Judas Iscariote (Like Judas of old / you lie an deceive). Justo después de mencionar a Jesucristo, Dylan incluye un apunte sobre la redención, y dice que estos señores de la guerra no la podrán alcanzar aunque hayan reunido todo el dinero del mundo. Finalmente, el colofón es tremendamente llamativo, ya que directamente, Dylan desea la misma suerte para los instigadores de la muerte que la que ellos mismos propugnan:

 

And I hope that you die

And your death’ll come soon.

 

Como se ha podido comprobar, The Freewheelin’ Bob Dylan es un claro ejemplo de cómo se puede influir en un artista a través, no sólo de lo físico, sino de lo espiritual. Suze Rotolo, a fin de cuentas, fue la que nos legó este fantástico álbum, tanto por sus enseñanzas como por su partida a Italia y posterior regreso. La publicación de este disco fue la culpable de que se empezara a llamar a Dylan “La voz de una generación”, cuando a fin de cuentas lo único que pretendía era hablar de lo que le interesaba a Suze y de lo que le interesaba Suze. 

 

Suze Rotolo en el Festival de Folk de Newport, 1963 (David Gahr/Getty Images)

 

A la memoria de Suze Rotolo, fallecida el 25 de febrero de 2011. 

 

 

Acerca del autor

Enamorado del baloncesto, que ha vivido como jugador, entrenador, delegado y aficionado. Ahora se dedica a contarlo. También considera el cine como la confluencia de todas las artes y, por ello, el arte definitivo.

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