Wish You Were Beer: Charles Bukowski

Wish You Were Beer: Charles Bukowski

“Si no hubiera sido alcohólico, probablemente me habría suicidado hace mucho tiempo”. “El alcohol es una de las mejores cosas que han llegado a esta tierra, además de mí. Siempre escribo intoxicado”. Estas declaraciones de Henry Charles Bukowski ponen de manifiesto la enorme influencia que tuvo la bebida en el autor de Andernach.

 

Bukowski nació en Alemania, hijo de un soldado americano con ascendencia alemana y de una emigrante polaca. A los tres años, debido a la enorme crisis que sobrevino en el país tras la Primera Guerra Mundial, la familia se mudó a Baltimore. Poco después, se marcharon al Oeste, a Los Angeles. Heinrich Karl Bukowski, Henry Charles para darle una imagen más americana, no tuvo una infancia fácil, y al igual que Edgar Allan Poe, su alcoholismo le vino por parte paterna, del mismo modo que el gusto por la violencia. Su padre le pegaba, algo que, unido a un enorme problema de acné, hizo que el joven Bukowski se refugiara en la Biblioteca Pública bajo el halo de Céline, D.H. Lawrence y Chéjov, a los que menciona constantemente en su obra:

 

-¿Quién es su autor favorito?

-Fante.

(…)

-¿Quién más?

-Céline.

-¿Por qué?

-Le rajaron las tripas y se rió, y les hizo reír también. Un hombre muy bravo.

 

Fue en aquella época cuando empezó a escribir, con trece años, pero se dio cuenta de que todavía no tenía la capacidad suficiente para hacerlo. Pasaron los años y entró en la Universidad de Los Angeles, a la que acudió a estudiar un poco de esto y un poco de aquello (literatura, arte y periodismo principalmente), sin embargo, en aquel momento se dio cuenta de que lo que realmente le atraía era el alcohol y las apuestas -una concomitancia más con Poe-. Abandonó la universidad, y  un relato suyo fue publicado por primera vez en Story Magazine (“Aftermath of a Lengthy Rejection Slip”). En el ’46 le publicaron una vez más en Black Sun Press antes de pasar diez años sin escribir una sola línea.

 

Se dedicó durante aquel tiempo a pasar de un trabajo a otro, durante el cual el propio Bukowski decía que había pasado los diez años borracho. Aquel fue el nacimiento de Henry Chinaski, el álter-ego utilizado por Bukowski para enmascararse en sus novelas y relatos. Un Chinaski que en 1942 se fue a vivir con Jane Cooney Baker, una prostituta que conoció en un bar. La importancia del alcohol en la obra de Bukowski es tal que fue el causante de que volviera a escribir y ya no lo dejara, puesto que tras los diez años de borrachera con Jane, su historia tuvo un final trágico: Jane falleció y Bukowski, con treinta y cinco años, tuvo una úlcera que estuvo cerca de matarlo. Tras abandonar el hospital, comenzó a escribir poesía.

 

Consiguió un trabajo como cartero, que dejó a los tres años. Regresó al servicio postal en los sesenta, trabajo que se vería reflejado en su primera novela, Post Office (1971). Aquel sería el último trabajo antes de dedicarse por completo a la escritura, gracias a John Martin, publicista de la revista Black Sparrow Press, que le pagó cien dólares mensuales para que dejara el servicio postal y se centrara en la literatura.

 

Las mujeres tuvieron su hueco en la vida de Bukowski, un hueco que siempre estuvo subordinado al alcohol y la máquina de escribir. Algunas de sus relaciones quedaron marcadas para siempre en Women (1979), una novela que traza el incesante paso de las mujeres por la vida del autor. Alguna de ellas, sino todas, están basadas en mujeres que ciertamente se cruzaron en la vida de Bukowski. Amber O’Neill, cuyo nombre era un pseudónimo, pasaba a las páginas como Tanya, una joven que le mandó una carta a Chinaski con la esperanza de conocerlo:

 

“Querido señor Chinaski:

Usted no me conoce pero soy una zorra atractiva (…) Tengo 22 años y una hija de 5, Aster. Vivo con un tío, pero no hay sexo, sólo vivimos juntos. Se llama Rex. Me gustaría ir a verle. Mi madre podría cuidar de Aster. Adjunto una foto mía. Escríbame si le parece bien. He leído alguno de sus libros. Son difíciles de encontrar en las librerías. Lo que me gusta de sus libros es que son fáciles de entender. Y también son divertidos.

Un abrazo,

Tanya”.

 

En 1976, Bukowski conoció a Linda Bee Beighle, dueña de un restaurante ecológico, con la que estaría casado durante dos años. Linda apareció con el pseudónimo de Sara, tanto en Women como en Hollywood. En Women, Sara es la definitiva, aquella con la que termina el continuo flujo de mujeres en la vida de Chinaski. Aparece por primera vez en un grupo de mujeres a las que conoce Hank tras un recital de poesía: “Sara tenía 32 años, una figura con clase, buen estilo y todo corazón. Tenía un pelo rubio rojizo que le caía sobre los hombros, y unos ojos salvajes, ligeramente chiflados. También arrastraba una sobrecarga de compasión que era realmente obsesiva y que obviamente pagaba por ella”. En la historia, esa noche, Hank está a punto de acostarse con una amiga de Sara, Cassie, pero debido a lo borracho que está, es incapaz.

 

La acción se desarrolla en lo sucesivo a través de Cassie, pero en cierto momento, Sara regresa al pensamiento de Hank: “Por el camino me acordé de Sara, la tercera chica que había conocido en el Lancer. Tenía su número de teléfono en mi cartera. Llegué a casa, eché una cagada y la telefoneé”.

 

En Hollywood, novela que narra la adaptación al cine de los relatos de juventud de Chinaski, Sara le acompaña durante toda la obra, con la sugerida comparación alcohólica entre Bukowski y Scott Fitzgerald y Sara y Zelda Fitzgerald: “Echamos un trago cada uno. Luego volvimos a llenar nuestras copas y salimos. Hace tiempo solía referirme a Sara y a mí como Zelda y Scott, pero eso le molestaba porque a ella no le gustaba cómo había acabado Zelda. Y a mí no me gustaba lo que Scott había escrito. Así que ahí abandonamos la broma”.

 

Temas y estilo literario

 

Los temas escogidos por Bukowski tanto para su narrativa como para su poesía están subyugados al submundo de Los Angeles: prostitución, alcoholismo, peleas, el carácter alienante del trabajo, el sexo, la dedicación literaria y los delirios que le llevaban a escribir. Es sumamente interesante tanto el tema del trabajo alienante como la dedicación literaria, ya que tras los numerosos desengaños que tuvo Bukowski con el mundo editorial, se dedicó a la escritura en revistas independientes como Open City, donde publicó una serie de columnas recogidas en Notes of a Dirty Old Man (1973), utilizando los signos de puntuación a su libre albedrío así como las reglas de ortografía:

 

“fue el lunes pasado por la tarde. había estado trabajando todo el domingo hasta medianoche y luego cogí el coche y me fui allí con las luces ya encendidas. llevé una caja de seis botellas y esto contribuyó a que empezase el asunto. alguien salió y trajo más.

-deberías haber visto a Bukowski la semana pasada -dijo aquel tipo-. estaba bailando con la tabla de planchar. luego dijo que iba a tirarse a la tabla de planchar”.

 

En lo referente al trabajo de escritor, Bukowski tiene numerosos poemas y reflexiones sobre el tema. Esto escribía sobre cómo ser un buen escritor: Si no te sale ardiendo de dentro, / a pesar de todo, / no lo hagas. / A no ser que salga espontáneamente de tu corazón / y de tu mente y de tu boca y de tus tripas, / no lo hagas. / Si tienes que sentarte durante horas / con la mirada fija en la pantalla del computador / o clavado en tu máquina de escribir / buscando las palabras, / no lo hagas. /Si lo haces por dinero o fama, / no lo hagas. / Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama, / no lo hagas. / Si tienes que sentarte / y reescribirlo una y otra vez, / no lo hagas. / Si te cansa solo pensar en hacerlo, / no lo hagas. / Si estás intentando escribir / como cualquier otro, olvídalo.

 

En Erections, Ejaculations, Exhibitions, and General Tales of Ordinary Madness (1972), su primera colección de relatos, refleja todos y cada uno de los temas mencionados anteriormente. Incluso la violencia extrema aparece en “The murder of Ramon Vasquez”, que cuenta el asesinato del primer actor mexicano que triunfó en Hollywood, Ramón Novarro, a pesar de que al incio del texto, el autor se desmarque un tanto de la historia original:

 

“Este relato es ficción, y el acontecimiento o semiacontecimiento de la vida real que pueda reflejar no ha influido en el autor a favor o en contra de ninguna de las personas implicadas o no implicadas. En otras palabras, se dejar correr libres pensamiento, imaginación y capacidad creadora, y eso significa invención, que creo motivada y causada por el hecho de vivir un año menos de medio siglo entre la especie humana…Y no se ciñó la historia a ningún caso concreto, o casos, o noticias de periódico, y no se escribió para perjudicar, sacar consecuencias o hacer injusticia a ninguno de mis semejantes que se haya visto en circunstancias similares a las que se verán en la historia que sigue”.

 

En resumidas cuentas, hablar de Henry Charles Bukowski es hablar de la realidad, siempre imbuida de un humor característico en él, que no deja títere con cabeza y que defiende, en ocasiones, hasta al mismo diablo. Es hablar del acartonamiento de los calzoncillos, de la acidez de estómago tras vomitar, de la peste bucal mañanera, de las ideas más atroces procedentes de una mente calenturienta (lean, para asegurarse, “The White Beard” en Erections, Ejaculations, Exhibitions, and General Tales of Ordinary Madness), de las mujeres, de la propia literatura. Hablar de Bukowski es hacerlo sucio, que, a fin de cuentas, es lo que busca lo más profundo de nuestro ser.

 

Acerca del autor

Enamorado del baloncesto, que ha vivido como jugador, entrenador, delegado y aficionado. Ahora se dedica a contarlo. También considera el cine como la confluencia de todas las artes y, por ello, el arte definitivo.

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