Wish You Were Beer: William Faulkner

Wish You Were Beer: William Faulkner

“La civilización comienza con la destilación”, dijo una vez un William Faulkner que por aquel entonces ya era reconocido como uno de los grandes escritores de Estados Unidos y cuya creación literaria solía estar acompañada de un buen whisky Old Crow. Aún hoy hay  admiradores que peregrinan hasta Oxford, Mississipi, para derramar una botella de whisky en su tumba.

 

Faulkner rivalizó con los otros modernistas de su época no solo en cuanto a estilo, sino por ser de los pocos que admitió beber mientras escribía, algo que muchos de sus contemporáneos también famosos por su afición a la bebida (Ernest Hemingway, F. Scott Fitgerald, James Joyce, entre otros) consideraban a menudo desastroso. A Faulkner le gustaba hablar a la gente que le rodeaba de una relación casi literaria entre su afición a beber y escribir. Llegó a decir que sin whisky no habría podido escribir algunas de sus obras más importantes como El ruido y la furia, Luz de agosto o Santuario. Faulkner usó el whisky como elemento liberador de su obsesión por la corrupción de la sociedad sureña en la que había crecido y con la que fue muy crítico.

 

William Faulkner (1897- 1962) fue nombrado Premio Nobel de Literatura en 1949, habiendo seguido el camino modernista de experimentación comenzado por autores como Joyce, Virginia Woolf o Marcel Proust. Se le consideró el rival estilístico de Hemingway, ya que a pesar de ser ambos modernistas, este último usaba una prosa directa y concisa, mientras que Faulkner usaba frases largas y retorcidas. Era muy aficionado a usar el monólogo interior y saltos en el espacio/tiempo en sus novelas; así como múltiples narradores de una misma historia. Como ejemplo, en la introducción de Requiem por una monja, Faulkner utilizaría una única frase que se extendería en torno a tres páginas completas.

 

Toda su obra estuvo profundamente marcada por el estado de Misisipi y el Estados Unidos sureño en el que vivió gran parte de su vida. ¡Hasta creó un estado sureño ficticio llamado Yoknapatawpha en el que ambientó gran parte de sus obras! Se puede encontrar un mapa del mismo en su libro ¡Absalón, Absalón! En este estado ficticio Faulkner puso a convivir a 6298 blancos y 9313 negros, que representarían a la sociedad sureña de Estados Unidos. Muchas de sus obras no solo tienen en común el estar situadas en Yoknapatawpha, sino que en su temática se pueden encontrar similitudes; destacando la corrupción, el mal y la decadencia de la vieja aristocracia.

 

El joven Faulkner empezó a mostrar interés en la literatura a partir de dejar sus estudios en 1915 y empezar a trabajar en el banco de su abuelo, dónde pasaba gran parte del tiempo leyendo. Tras participar como miembro de la RAF en la I Guerra Mundial, consiguió una beca de veteranos para la universidad de Misisipi; aunque volvería a abandonar sus estudios. Faulkner recordará esta época en entrevistas posteriores como una época divertida e inspiradora, llena de aventuras alcohólicas por el barrio francés de Nueva Orleans, que por aquella época atraía a muchos artistas estadounidenses, llegando a ser llamado incluso el “Montparnasse” del delta. En esta época tuvo varios trabajos, haciéndose famoso su cómo cartero del campus por pasar gran parte del tiempo bebiendo y leyendo las revistas que debía entregar, haciendo que estas llegaran tarde a sus destinos.

 

En 1921 Faulkner empezó a trabajar como periodista en Nueva Orleans, donde conoció al escritor de cuentos estadounidense Sherwood Anderson, con la ayuda del cual publicó su primer trabajo, La paga de los soldados (1926). Después de un viaje por Europa empezaría su etapa más creativa  con El ruido y la furia, Santuario, Mientras agonizo, Luz de agosto, ¡Absalón, Absalón! y Desciende, Moisés como trabajos mejor valorados por la crítica. Sin embargo ninguna de ellas se vendió bien excepto la posterior Santuario.

 

Durante esta prolífica época Faulkner iría acompañado siempre en su proceso de escritura de un buen julepe (whisky, menta y azúcar), sin las cual él mismo sería quien dijese que no hubiera sido capaz de escribir algunas de las novelas que hoy en día son consideradas entre las mejores del siglo XX. En 1937, su traductor francés, Maurice Edgar Coindreau, no sabía cómo traducir una frase de una de sus libros. Se la mostró al escritor, que inmediatamente rompió a reír: «No tengo absolutamente idea de lo que quería expresar», respondió Faulkner. «Verá, escribo por la noche y el whisky mantiene en mi cabeza tantas ideas que luego soy incapaz de recordarlas a la mañana siguiente».

 

De este mismo año data otra de sus anécdotas con el alcohol más recordadas por los biógrafos: se encontraba en Nueva York resolviendo unos contratos relacionados con la publicación de uno de sus libros cuando una mañana, al no dar señales de vida uno de sus amigos y también escritor para Random House, Jim Devine, lo encontró en el aseo de la habitación donde Faulkner se hospedaba. Se encontraba apoyado contra un radiador rodeado de su propio vómito sin poder moverse. Esto le dejó unas quemaduras de tercer grado, una anécdota de la que a él mismo le gustaba reírse y una tremenda imagen de autodestrucción.

 

La copa en la que a Faulkner le gustaba inspirarse.

 

No es que a pesar de su afición al whisky Faulkner sea un gran escritor, es que gracias a ella fue el gran escritor que fue. Faulkner domó sus demonios y la herencia alcohólica de su familia (tanto a su padre como a su abuelo también les gustaba ejercitar la muñeca) y los usó a su favor. Acompañó su obsesión con la decadencia de la sociedad de su niñez y  su visión  de la maldad como un elemento inherente en el ser humano con una técnica  y un atrevimiento para la innovación magistral. Dando lugar a algunas de las obras más influyentes tanto técnica como temáticamente del siglo XX, no solo en Estados Unidos, sino especialmente en Latinoamérica en autores como Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Juan Benet, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Juan José Saer y Jorge Luis Borges.

Acerca del autor

Escritor. Graduado en Estudios Ingleses. Actualmente entre platos. Me gusta todo lo que se haga con sinceridad y autenticidad, sea cual sea la disciplina.

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